Garbiñe Llona Larrauri protagonizó el pasado sábado 13 de junio un grave episodio al subirse a una grúa situada en las obras de los nuevos edificios de Karmelo Etxegarai, en Mungia, en unos hechos que movilizaron a Bomberos, Ertzaintza, Policía Municipal, Guardia Civil y representantes municipales.
Según la información facilitada por la propia afectada y diversos vídeos remitidos a Mungia Alkartu, la situación se produjo tras la retirada de dos perros, Turco y Coco, de los que era casa de acogida. Garbiñe Llona vincula directamente lo ocurrido con esa decisión y sostiene que el conflicto que la originó continúa sin resolverse.
Durante el incidente, la mujer permaneció en la parte superior de la grúa en un evidente estado de nerviosismo. En varias grabaciones y audios posteriores manifiesta que llegó a plantearse arrojarse al vacío y que finalmente desistió tras atenderse determinadas peticiones.
Hasta el lugar acudieron efectivos de Bomberos, Ertzaintza y Policía Municipal de Mungia. También se personaron la alcaldesa de Mungia, Alaitz Erkoreka Baraiazarra, y la concejala responsable del Área Territorial, Leire Bilbao Altonaga. Según el relato de la propia afectada, al no confiar en la actuación de los cuerpos policiales presentes solicitó expresamente la intervención de la Guardia Civil, cuerpo al que atribuye, junto con los Bomberos, un papel determinante para que finalmente accediera a bajar de la grúa.
Garbiñe Llona sostiene además que la relación con la Policía Municipal venía marcada por intervenciones anteriores y asegura que durante los hechos se sintió tratada con prejuicios. Afirma igualmente que el jefe de la Policía Municipal habría desestimado atender determinadas llamadas de petición de auxilio que considera relevantes, extremo que anuncia que pretende denunciar por las vías correspondientes. Asimismo, asegura que el responsable policial acudió al operativo del 13 de junio vestido con pantalón corto y chanclas, circunstancia que considera impropia de una intervención de esta gravedad y que, según manifiesta, incrementó su sensación de desamparo y falta de confianza.
La afectada manifiesta también que, a su juicio, el jefe de la Policía Municipal debería dimitir por la gestión realizada en relación con su caso. Añade que, de no producirse dicha dimisión, considera que la alcaldesa de Mungia debería asumir igualmente responsabilidades políticas por unos hechos que califica de muy graves y que, según sostiene, podrían no afectar únicamente a ella, sino también a otros vecinos y vecinas de Mungia.
Finalmente, Garbiñe Llona accedió a descender de la grúa. Según la versión facilitada por la propia afectada, fueron los Bomberos de Derio quienes desempeñaron un papel decisivo en el desenlace del operativo, llegando a afirmar que le salvaron la vida. Asimismo, señala que recibió muestras de apoyo y ánimo por parte de efectivos de la Guardia Civil y de los propios bomberos, mientras que la representación municipal presente en el lugar se mantuvo al margen de la intervención.
Garbiñe Llona relata también que, una vez en tierra, atravesó momentos de gran vulnerabilidad y buscó consuelo y cercanía. Según su versión, fue una agente de la Ertzaintza desplazada al lugar quien le proporcionó apoyo y acompañamiento, un gesto que la propia afectada destaca y agradece especialmente.
La afectada asegura haber sido trasladada posteriormente al Hospital Universitario Cruces. Asimismo, ha anunciado su intención de emprender acciones legales y asegura disponer de grabaciones de los hechos, algunas de ellas realizadas desde la propia grúa.
Garbiñe Llona continúa reclamando conocer el estado y paradero de uno de los animales, Turco, y sostiene que el conflicto de fondo que originó los acontecimientos del 13 de junio continúa sin resolverse.
El caso abre un debate sobre los sistemas de acogida animal
Más allá del episodio ocurrido el pasado 13 de junio, el caso de Turco y Coco vuelve a poner sobre la mesa una realidad que afecta a numerosas personas que colaboran con asociaciones y entidades de protección animal.
La Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, persigue garantizar el bienestar de los animales y fomentar la adopción y el acogimiento responsable. Sin embargo, las casas de acogida suelen establecer fuertes vínculos afectivos con los animales que cuidan, especialmente cuando la convivencia se prolonga durante meses o incluso años.
Cuando se producen desacuerdos o decisiones que afectan al destino de los animales, las consecuencias emocionales pueden llegar a ser muy importantes para personas que, en muchos casos, actúan de forma altruista y con la única intención de ayudar. Situaciones como la vivida ponen de manifiesto la necesidad de reforzar los protocolos de información, mediación y acompañamiento entre las entidades responsables y las personas acogedoras, con el objetivo de evitar conflictos y sufrimientos innecesarios.
La protección del bienestar animal y el cuidado de las personas que dedican parte de su vida a rescatar y atender animales abandonados no deberían entenderse como objetivos incompatibles, sino complementarios.
Todo quedó finalmente en un susto, pero el problema de fondo continúa latente. Las manifestaciones relativas a las circunstancias de la retirada de los animales y a la actuación de los distintos cuerpos policiales, así como las valoraciones sobre la actuación de las personas presentes y las peticiones de responsabilidades políticas, corresponden a la versión facilitada por Garbiñe Llona Larrauri. Mungia Alkartu no ha podido contrastar por el momento dichas afirmaciones con las autoridades y organismos implicados, por lo que la presente información queda abierta a la incorporación de otras versiones o aclaraciones que puedan aportar las partes concernidas.