Concluidas las fiestas de San Pedro 2026, desde Mungia Alkartu creemos que ha llegado el momento de hacer un balance sincero. Porque disfrutar de las fiestas no es incompatible con analizar aquello que sigue fallando año tras año. Al contrario: quien quiere unas fiestas mejores debe ser capaz de señalar aquello que necesita cambiar.
Las fiestas comenzaron este año con una novedad que ya generó debate entre numerosos vecinos y vecinas: por primera vez en muchos años, el inicio oficial se trasladó al domingo. Una decisión que rompió la estructura tradicional de las celebraciones y que, según muchas opiniones recibidas, restó protagonismo al primer fin de semana festivo.
El inicio oficial volvió a estar acompañado por una interminable sucesión de explosiones cada pocos minutos antes del chupinazo. Una tradición que parece pensada únicamente para quienes disfrutan del ruido, olvidando a personas mayores, bebés, personas con hipersensibilidad sensorial o animales que sufren innecesariamente durante horas. Resulta difícil entender que en pleno 2026 el Ayuntamiento siga sin plantearse alternativas más respetuosas.
El pregón, a cargo de AEK, se realizó íntegramente en euskera. Desde Mungia Alkartu defendemos y promovemos el euskera, pero también creemos que unas fiestas organizadas por un Ayuntamiento deben dirigirse a toda la ciudadanía. Que el pregón institucional se desarrollara exclusivamente en una de las dos lenguas oficiales supuso dejar fuera a muchos vecinos y vecinas que no comprenden el euskera y que también tienen derecho a sentirse incluidos en el acto que inaugura las fiestas de todos. La crítica no va dirigida a AEK, cuya labor de promoción del euskera respetamos, sino al criterio del Ayuntamiento al organizar un acto institucional que debería ser plenamente accesible e inclusivo para toda la población.
El 1 de julio se celebró finalmente Su Bizia, después de que el acto previsto inicialmente para el 23 de junio tuviera que suspenderse debido a las altas temperaturas. Sin embargo, en esta segunda convocatoria aparecieron nuevos problemas organizativos. El Ayuntamiento difundió una programación con unos horarios concretos que posteriormente no se respetaron, sin que la ciudadanía recibiera una comunicación oficial clara y con la antelación suficiente. Muchas personas acudieron siguiendo el programa publicado y comprobaron que algunos actos ya habían finalizado. Una modificación de horarios puede ser necesaria, pero debe comunicarse de forma rápida, visible y por los canales oficiales.
A ello se sumaron problemas en la chocolatada. Antes de que pudiera atenderse a todas las personas que esperaban en la cola, el chocolate se agotó, dejando a cientos de asistentes sin poder participar. Una mejor previsión habría evitado esta situación.
El primer domingo y el lunes de fiestas estuvieron marcados por varios incidentes relacionados con la violencia machista en la zona de txosnas, además de otros comportamientos incompatibles con un ambiente festivo basado en el respeto y la convivencia. Lo preocupante no fueron únicamente los hechos, sino también el silencio institucional posterior. Ante situaciones de esta gravedad, el Ayuntamiento debería haber trasladado un mensaje claro de condena, de apoyo a las víctimas y de firme compromiso para prevenir este tipo de conductas.
Durante las fiestas, en las inmediaciones de las txosnas, especialmente en el aparcamiento de Neurketa kalea, se repitieron escenas de jóvenes consumiendo alcohol y drogas, así como personas orinando en la vía pública, a la vista de los vecinos y vecinas de los edificios colindantes y sin ningún tipo de reparo. Son situaciones que se repiten año tras año y que llevan a muchos ciudadanos a preguntarse si la presencia preventiva de la Policía Municipal está siendo realmente suficiente para prevenir estos comportamientos. Asimismo, sería conveniente estudiar la instalación de urinarios portátiles en puntos estratégicos durante las fiestas, como una medida complementaria que contribuya a reducir estas conductas y a minimizar las molestias que soportan los residentes de las zonas más afectadas.
Otro aspecto que vuelve a generar un importante malestar vecinal es la distribución de los espacios festivos. Año tras año, las barrakas, la zona de conciertos y las txosnas se concentran prácticamente en los mismos puntos de Mungia, lo que provoca que los vecinos y vecinas de esas zonas tengan que soportar durante días niveles elevados de ruido, música hasta altas horas de la madrugada y una gran afluencia de personas, mientras otras zonas del municipio apenas se ven afectadas.
Creemos que ha llegado el momento de abrir un debate sobre un reparto más equilibrado de las actividades festivas. No resulta razonable que sean siempre los mismos barrios y los mismos vecinos quienes asuman las molestias derivadas de las fiestas. Descentralizar parte de la programación permitiría distribuir de forma más equitativa el impacto de estos eventos, acercar actividades a otras zonas de Mungia y avanzar hacia un modelo festivo más justo para toda la ciudadanía.
A medida que avanzaban las fiestas también quedaron en evidencia otros problemas de organización. Los baños públicos del parque Urigüen permanecieron cerrados debido a actos incívicos. Sin embargo, cerrar un servicio público precisamente durante los días de mayor afluencia no solucionó el problema, sino que simplemente trasladó sus consecuencias a otros espacios.
La jornada del Sukalki Eguna volvió a poner de manifiesto varias deficiencias ya conocidas. Los calderos se instalaron directamente sobre el césped del parque, dejando numerosas marcas de quemaduras que deterioran un espacio público que es de todos. Además, la falta de baños públicos suficientes provocó que, según nos trasladó Telmo Zarra Etxe Taldea, la zona de sus garajes volviera a utilizarse como un baño improvisado, una situación que denuncian desde hace años sin que se adopten soluciones eficaces.
Finalizadas las fiestas, la sensación que nos trasladan muchos vecinos y vecinas es que la programación no ha estado diseñada pensando en el conjunto de la ciudadanía. Las críticas más repetidas hacen referencia a una oferta musical que no ha convencido a buena parte del público y a la escasez de actividades dirigidas a niños, familias y personas de diferentes edades.
Más allá de la programación de este año, consideramos que también es necesario reflexionar sobre el propio modelo de organización de las fiestas. La comisión encargada de preparar las fiestas patronales debería ser un órgano mucho más plural, abierto y participativo, en el que estén representados los distintos agentes que forman parte de la vida social de Mungia.
Creemos que una comisión de fiestas debe integrar al mayor número posible de asociaciones, grupos municipales y partidos políticos del municipio, entidades culturales, deportivas, sociales, vecinales y juveniles, así como cualquier otro colectivo que quiera contribuir a la construcción de unas fiestas mejores.
Pensamos que limitar la participación, en la práctica, al equipo de gobierno y a determinadas asociaciones supone un sesgo importante a la hora de diseñar unas fiestas verdaderamente plurales y representativas del conjunto de la ciudadanía. Cuantas más voces participen en su preparación, más fácil será construir unas fiestas abiertas, equilibradas, inclusivas y pensadas para todos los mungiarras.
Las fiestas patronales son uno de los acontecimientos más importantes del año para Mungia. Precisamente por ello, creemos que es momento de abrir una reflexión seria sobre el modelo festivo, escuchar a la ciudadanía y comenzar desde ahora a preparar unas fiestas más inclusivas, mejor organizadas, respetuosas con el entorno y pensadas para todos los públicos.
Desde Mungia Alkartu seguiremos presentando propuestas para mejorar unas fiestas que son de todos. Porque señalar aquello que no funciona no es ir contra las fiestas; es trabajar para que cada edición sea mejor que la anterior.